Web 2.0: ¿inteligencia colectiva?


Diálogo con Tim O’Reilly

Adolfo Plasencia

Internet ha proporcionado un vertiginoso acceso al conocimiento global que se caracteriza por la inmediatez. Estamos ya en la estación de la red redescubierta por su bidireccionalidad total y múltiple con una intensidad casi equivalente en todos sus sentidos. Una red con lectores que mutan en autores, creadores, editores, en un proceso que realimenta el valor de la propia información: la de la agregación de contenidos RSS en una auténtica conversación colectiva.

¿Está preparada la cultura de la galaxia Gutenberg para la perturbadora (‘disruptiva’) vorágine de la nueva generación de la red de redes? Tim O’Reilly, un visionario que ha fijado la marca “Web 2.0” y la de “Open Source 2.0”, fundador del prestigioso sello editorial digital y global O’Reilly Media, autor de la primera web comercial de la historia de Internet y uno de los líderes mundiales de opinión en el medio digital, nos ofrece en el siguiente diálogo algunas reflexiones sobre una darwiniana red de redes que se transforma vertiginosamente a sí misma, mucho más allá de cualquiera de nuestros deseos o previsiones.

Adolfo Plasencia: Una de las quejas sobre el mundo de la tecnología es que la industria obliga a que los conocimientos de los usuarios y (los archivos digitales de) su trabajo intelectual queden enseguida obsoletos, apoyándose en que no hay otra alternativa que actualizarse constante y vertiginosamente. ¿No hay otra alternativa a esta dictadura de la actualización y obsolescencia continua? ¿La naturaleza de lo digital es verdaderamente así o es un engaño de la industria tecnológica para mantenernos como usuarios cautivos y enganchados (adictos)?

Tim O’Reilly: Bueno, en primer lugar, creo que el cambio es algo natural y bueno. Pero creo que, al mismo tiempo, hay un estrés en nuestra vida moderna debido al ritmo del cambio. Desde luego siempre ha habido gente a la que le gusta volver la vista atrás, a tiempos en los cuales, en teoría al menos, la vida era más estable y pacífica. Creo que si lo que quieres es tranquilidad y estabilidad puedes añadir esto a la sociedad tecnológica, nada te lo impide. En mi caso, asumir el futuro, la emoción de entenderlo, comprenderlo, es un reto intelectual fabuloso. Todos los días hay algo nuevo, nos vemos sorprendidos por las invenciones de otra gente. Es un maravilloso mundo artístico el mundo en el que estamos viviendo.

AP: ¿Crees que se puede llegar a consensos permanentes o durables en un mundo con tanta diversidad global como el del conocimiento abierto?

TO: Hay una diferencia entre el conocimiento permanente y los estándares o normas. Los estándares son acuerdos, son convenciones, algunas de las normas más comunes son muy simples. Si observas el fenómeno de Internet, una de las razones por las cuales despegó es porque fue una convención de acuerdos mínimos. Por otra parte, tienes a los grandes Comités de Normalización que se reúnen en lo que se llama el ISO, donde se interconectan todas las grandes normas. Entonces lo especifican absolutamente todo, con todos los detalles técnicos, hasta los más insignificantes, como la manera en cómo te conectas. Y lo que quieren todas estas normas se reduce a lo más simple. En realidad, creo que muchos de los temas sobre los que hemos estado discutiendo son muy pequeños. De verdad creo que los desafíos a los que nos enfrentamos son cómo estar abiertos al futuro, cómo podemos dejar que las cosas ocurran y eso significa que no nos podemos poner de acuerdo en todo. Pero, por ejemplo, nos podemos poner de acuerdo en estar en desacuerdo, dejar espacio para el desacuerdo y entender dónde necesitamos específicamente estar de acuerdo para que el futuro pueda suceder. Eso es realmente lo importante.

AP: No sé si conoces la Fundación del Largo Ahora (The Long Now Foundation), que plantea proyectos y reflexiones con horizontes temporales muy lejanos, en algunos casos de hasta 10.000 años. La Biblioteca de Alejandría se creó con una visión de un horizonte temporal de 7.000 años. Si no se hubiera destruido deliberadamente por un incendio, es posible que aún estuviera funcionando con su misión y su visión vigente hoy en día. ¿Acaso la memoria de la humanidad acumulada en digital no se puede plantear con esa filosofía? ¿Lo impedirían las herramientas de uso de contenidos y almacenamiento que usa la informática o somos, los que vivimos en la era digital, incapaces de plantearnos un horizonte cultural como egipcios, griegos y romanos?

TO: Creo que tener una perspectiva de largo plazo es muy, muy importante. En la actualidad existe gente como Brewster Kahle, del Archivo General de Internet –que es la versión moderna de las bibliotecas tipo Alejandría–, que ha trabajado con el gobierno egipcio en una nueva biblioteca digital de Alejandría. Pero, por otro lado, estoy convencido de que, recordarlo todo es algo que está sobrevalorado. Olvidar forma parte del ‘ser humano’. Además si tuviéramos todo el conocimiento acumulado a mano, ¿realmente lo utilizaríamos? Por otro lado, incluso en el proceso de olvidar hay nuevos hallazgos. Un ejemplo excelente de ello son las maravillosas estatuas antiguas, que yo tanto admiro, de mármol blanco. El caso es que las estatuas griegas estaban todas pintadas originalmente. Estas visiones que hemos rehecho en el Renacimiento, sobre en qué consistía toda la antigüedad clásica, eran erróneas, pero al tiempo son preciosas a pesar de todo. Y son preciosas debido a lo que hemos olvidado, precisamente. Vivimos en una tensión constante entre memoria y posibilidad. Es una pena, es muy triste cuando se pierden cosas y, en algún sentido, creo que una de las razones por la que nos hacemos viejos es porque no podemos olvidar. Ser capaz de olvidar, ser capaz de empezar de nuevo, es una parte importante del ‘ser humano’.

AP: Tim, explícanos para que los lectores puedan entenderlo qué es conceptualmente y en esencia la Web 2.0.

TO: Para comenzar, la Web 2.0 es un nombre cómodo para un fenómeno que se está produciendo desde hace ya bastante tiempo –probablemente podría decirse que desde hace una década– al que le han dado diversos nombres. Se trata de un cambio que va desde una época en que Internet era prácticamente un añadido al PC, hasta el momento en que Internet es una auténtica plataforma por sí misma. En el 2004 decidimos realizar una conferencia a la llamamos Conferencia Web 2.0 y nos preguntaron: “bueno, dígannos, ¿y eso qué significa?”. Puedes enmarcar la Web 2.0 como la creación de aplicaciones que utilizan efectos de la red, especialmente aprovechando aquellos surgidos por la aportación de los usuarios. De hecho, se trata de aprovechar la inteligencia colectiva, de manera que sea cada vez mejor conforme más gente la utilice. Yo creo que eso es el núcleo de la Web 2.0. Creo que, en este momento, atravesamos un periodo de consolidación. Pero, desde luego, la innovación volverá a irrumpir en algún punto.

AP: Blogs, Wikipedia, software social… Al menos desde España tenemos la sensación de que la ‘sociedad civil’ de Internet se ha adelantado a las empresas e instituciones. ¿Es así?

TO: Bueno, en mi opinión los blogs están sobrevalorados. Hay muchos, pero la mayoría de ellos tienen muy pocos lectores. Realizar blogs es importante, pero son simplemente una manera de comunicación. Para otra gente quizás participar en una lista de correo les permite comunicarse y compartir información en línea. Entonces, hay muchas comunidades que se solapan. Pero todas estas cosas comparten algo en común. Por eso es importante revisar con detenimiento las manifestaciones de una tecnología específica y decir “vamos a ver lo que está realmente ocurriendo”. En primer lugar, está este espíritu de aperturismo, comunicación, transparencia y hay un conjunto de normas maravillosamente resumidas en lo que se llama The Cluetrain Manifesto (Manifiesto del Tren de Claves) sobre cómo te comportas en Internet, la vertiente personal de todo esto. Los blogs hacen salir en la foto, cosa que no hacen por ejemplo los sitios Web empresariales o institucionales y esto está transformando la sociedad gradualmente.

AP: En la conferencia EURO OSCON, que tu organización O’Reilly Media acaba de celebrar en Bruselas, has pronunciado una conferencia cuyo título es “Open Source 2.0”, en español “Fuente Abierta 2.0”. ¿Cómo defines tú la “Open Source 2.0”?

TO: Siempre he pensado que lo que era interesante de la fuente abierta era que establecía un conjunto de normas para estimular la colaboración en red. En primer lugar, la fuente abierta se estaba convirtiendo en las tripas de este sistema propietario y creo que lo he dicho anteriormente, pero yo hago esa pregunta muchas veces: cuántos de nosotros utilizamos Linux y se levantan unas pocas manos y pregunto cuántos utilizamos Google y se levantan todas las manos.

La gente no se da cuenta de que Google es probablemente una de las aplicaciones líderes de Linux y toda aquella gente decía: “no, no, tendríais que ver las últimas versiones del Gamplor, OpenOffice Tador”, y piensan que éstas son las aplicaciones líderes de Linux pasando totalmente por IBM era un estándar abierto sobre cómo podías hacer un sistema a partir de segmentos del Office. ¿Y qué es lo que ocurrió? Que IBM rompió su propio dominio del sector porque estandarizaron y, de hecho, le alto el hecho de que lo que ha ocurrido con la fuente abierta es que ha transformado totalmente la perspectiva. Hay muchas analogías con lo que ha ocurrido con el ordenador personal. El PC original le entregaron el poder a Microsoft, una empresa pequeña, y les dijeron: “podéis encargaros de hacer los programas, los programas no importan”. Bueno, pues estaban totalmente equivocados. Lo que yo veo que está ocurriendo ahora, es que los programas de software libre están estandarizando e Internet está estandarizando los interfaces del software y, como resultado de todo ello, está ocurriendo lo mismo: el poder se está trasladando hacia nuevos tipos de aplicaciones. Ya en 1997 yo le llamaba a eso aplicaciones infoware, el nombre no se mantuvo, pero yo ya estaba prestándole atención a Google y a Amazon diciendo: “estos tíos no son como los de Microsoft, están haciendo algo distinto, así que tenemos que llamarles de una manera diferente”.

Unos años más tarde, empezamos a oír hablar del sistema operativo de Internet y no fue hasta 2004 cuando empezamos a llamarle Web 2.0 y, entonces, el nombre ya se quedó fijado.

El diálogo completo esta disponible (licencia Creative Commons) en video en el blog:

http://blogtecnopolis.wordpress.com/2008/04/02/tim-oreilly-web2l0/

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